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"El pasado vibra en el presente, inspira nuestro futuro"

Boletín oct-dic 2017 / efemérides ene-2018

Boletín OCT-DIC MMXVII FUNDABRIL

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50 años de sacerdocio

50 años de sacerdocio

La iglesia popular en El Salvador

La Iglesia Popular en El Salvador

XV ASAMBLEA DE MIEMBROS FUNDADORES DE FUNDABRIL

Presentación de XV Asamblea de miembros fundadores de Fundabril2017

A 35 años de la primera operación de las unidades de vanguardia / trazos de memoria

Hace dos días se cumplían 35 años de del primera operación de las unidades de vanguardia un hecho que marco pauta en una nueva etapa de la guerrilla, como hacedores de la memoria colectiva e historia reciente FUNDABRIL desea compartir a ustedes  trazos y anécdotas.

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Monseñor Rivera y Damas en el Chalatenango de 1986

A propósito de la justa y merecida canonización de Monseñor Romero en mayo próximo, publicamos una vivencia de Rafael Barrera, cuando Monseñor Rivera y Damas visitara el oriente de Chalatenango, a solicitud de los campesinos y campesinas de la zona, para que pudiera interceder por la penosa situación ocasionada por la represión.

Debido a una intensa gestión realizada por la Coordinadora Nacional de Repoblaciones-CNR y por el Comité Cristiano Pro Desplazados de El Salvador para obtener el apoyo de la Iglesia Católica con la población civil que vivía en las zonas de control del FMLN en Chalatenango, se logró que a finales de 1985 visitara la población, medio despoblada de Arcatao, el Vicario de Chalatenango, presbítero Gabriel Rodríguez.

La gente acudió en masa a darle la bienvenida al padre Gabriel, quien comprobó de primera mano, la situación de feroz persecución que soportaba la población civil, prometiendo hacer gestiones para conseguir una pronta visita del Arzobispo de San Salvador.

El presbítero Gabriel Rodríguez cumplió su palabra y en los primeros días de enero de 1986, el arzobispo anunció la visita pastoral a las zonas de control del FMLN en Chalatenango.

El 6 de enero de ese año, Monseñor Arturo Rivera y Damas llegó a la despoblada San José Las Flores, fue recibido por una multitud de población civil,  y celebró una misa en la iglesia del lugar.  Aprovechando la ocasión, la gente hizo cola para hablar con el arzobispo, quien escuchó pacientemente decenas de testimonios que lo estremecieron, debido a la crueldad con que era perseguida y maltratada la población civil de la zona por el ejército gubernamental. Los presentes fueron testigos del impacto causado al Arzobispo, al grado que se le humedecieron los ojos ante tanto sufrimiento.

Después de escuchar a la gente, Monseñor emprendió el camino hacia Arcatao, junto con la comitiva que lo acompañaba, entre los cuales estaba el padre Jon Cortina.

Al llegar a la orilla del río Sumpul, Monseñor decidió sorpresivamente darse un baño, lo que provocó la admiración de la gente que lo acompañaba, muchos de los cuales recordaron la terrible masacre cometida por el ejército en 1980, en las aguas donde hoy tomaba un baño el Arzobispo de San Salvador.

Desde ese día, la poza donde se bañó Monseñor Rivera fue bautizada por la gente como la “Poza del Obispo”.

Después del baño en las aguas del Sumpul, Monseñor Rivera y su comitiva se dirigieron hacia Arcatao, en el camino, la gente lo saludaba emocionada, por la esperanza que representaba el Arzobispo.

En Arcatao, Monseñor era esperado por una multitud que había llegado de diferentes puntos de las zonas de control de Chalatenango y al momento de su llegada fue aclamado por la gente. Al llegar a la iglesia del pueblo, visiblemente impactado frente a la muchedumbre por el fervor demostrado, y con un nudo en la garganta, inició la homilía de ese día con las siguientes palabras: “OJOS QUE NO VEN, CORAZÓN QUE NO SIENTE”, en una clara alusión al abandono de la población civil que vivía en las zonas de control del FMLN en el departamento de Chalatenango. Ahí mismo le prometió a la gente un cambio de actitud y hacer gestiones para mejorar la situación de los pobladores de la zona, ofreciendo además el acompañamiento permanente de religiosos y religiosas.

Por la noche de ese día, Monseñor Arturo Rivera y Damas, y quienes lo acompañaban, tuvieron una conversación con la Comisión Política de las Fuerzas Populares de Liberación-FPL-Farabundo Martí.

No hay duda, que la pena y el dolor que tuvieron que vivir las y los salvadoreños en aquellos días, llegaba a conmover a cualquier pastor.  Monseñor Rivera y Damas no fue la excepción, y así muchos otros antes y después de él.

Y de aquellos y aquellas valientes que perdieron la vida por atreverse a convertir la palabra en acción, la historia guarda sus memorias que aun viven en el corazón de su gente.

Monseñor Romero cumplió su palabra y resucitó en el pueblo salvadoreño

Por: Israel Serrano

El anuncio del Vaticano sobre el  reconocimiento del martirio de Monseñor Romero llenó de júbilo a los salvadoreños y fue un balde de agua fría para aquellos que siguen considerando al ex -arzobispo de San Salvador como un comunista que se atrevió a enfrentarlos públicamente y denunciar las injusticias de los años 80, que aún siguen presentes en la actualidad.

La próxima beatificación de Monseñor Romero solo demuestra que la lucha aún no ha terminado, hay mucho camino por recorrer, siguen las injusticias sociales, la desigualdad, la impunidad y la explotación de un pueblo sediento de paz, en el amplio sentido de la palabra, y no solamente como un cese al fuego.

Los jóvenes tenemos un papel primordial en seguir profundizando el legado de Monseñor Romero y luchar por la verdad; pero también, denunciar a aquellos que usan el nombre de nuestro próximo Santo para sus intereses particulares, con una mano dicen ser luchadores sociales y con la otra oprimen al pueblo.

San Romero de las Américas es de todos los salvadoreños, El Salvador necesitan más ciudadanos que practiquen su ejemplo y mantener presente que sin la verdad jamás habrá justicia.

El corazón joven del pueblo salvadoreño ha sido el motor que ha mantenido la causa de Monseñor Romero y ha permitido que su legado  traspase generaciones con un mensaje de paz y esperanza.

“Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, dijo Monseñor Romero en una de sus homilías y su palabra se ha cumplido al pie de la letra; y efectivamente su semilla de justicia germinó y sus frutos son cosechados a nivel nacional e internacional.

Todos debemos practicar el mandato del próximo beato, tener una preferencia por los pobres y solidarizarnos con su lucha por una vida mejor, con oportunidades, igualdad y justicia social.

Las injusticias que Monseñor Romero denunció se han minimizado,  pero se mantiene la impunidad como un factor común contra el pobre y la ley  sigue aplicándose para los menos favorecidos e interpretándose para los que pueden comprarla.

Los jóvenes no debemos ser cómplices de la exclusión y todos los días debemos denunciar cualquier abuso sin detenernos en los colores políticos.  La verdad no tiene ideología, la verdad es pura y debe defenderse a toda costa.

Si aún no conoces el legado de Monseñor Romero te invito a que busques sus homilías, sus vídeos, su lucha y te darás cuenta que él fue el mayor defensor del pueblo en un momento de crisis interna y grandes violaciones a los derechos humanos que propiciaron el conflicto armado salvadoreño.

Israel Serrano es periodista y comunicador social, graduado en Comunicaciones de la Universidad Tecnológica de El Salvador y con estudios de Posgrado en Relaciones Públicas.  Desde 2011 es miembro de la organización juvenil Líderes Solidarios y Voluntarios de El Salvador, en donde actualmente es Director de Comunicaciones.  @IsraelSerrano_SV